TECNOLOGÍA

CIENTÍFICOS OBSERVAN FENÓMENO ESPACIAL QUE EXPLICA CÓMO CRECE EL UNIVERSO

A pocas semanas de que Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne, pioneros en la detección de ondas gravitacionales, recibieran el Nobel de Física, el tema vuelve a establecer un cambio radical en la observación astronómica. Por primera vez, unos 60 observatorios de todo el mundo lograron captar de manera simultánea, el choque y posterior fusión de dos estrellas de neutrones de unos 20 kilómetros de diámetro, ocurrida en la galaxia NGC 4993, situada a 130 millones de años luz en la constelación de Hidra.

Lo asombroso es que los astrofísicos consiguieron observar y oír en el mismo instante las ondas gravitacionales, que son oscilaciones en el espacio-tiempo y radiación electromagnética (luz), por lo que se abre el inicio de una nueva era en el estudio del origen y la evolución del Universo. Y si bien todavía faltan muchas preguntas por responder, se avanzaron varios casilleros de un solo choque.

Hasta el momento, los datos obtenidos permiten fundamentar las predicciones teóricas realizadas décadas atrás sobre el origen de los estallidos rápidos de rayos gamma y un tipo de explosión estelar conocido como kilonova. Estos cuerpos estelares de neutrones que se atraen y funden, son los restos de estrellas de gran masa que consumieron todo su combustible atómico y estallaron produciendo una supernova.

Stephen Smartt (c), profesor de física en la Universidad de la Reina de Belfast, habla durante una conferencia de prensa del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Alemania (EFE)

“El resultado de la colisión de estrellas neutrónicas se propaga hacia lugares lejanos del espacio. Estos eventos se crean elementos pesados, tales como oro y platino que luego se eyectan por el Universo. Posteriormente, al juntarse con helio e hidrógeno, puede dar origen a nuevas estrellas, explica el argentino Mario Díaz, profesor de física de la Universidad del Valle de Río Grande de Texas, Estados Unidos, primer autor del trabajo que publicó ayer la revista Physical Review Letters.

La colisión derivó en ráfagas de rayos gamma y ondas que se detectaron desde la Tierra el pasado 17 de agosto en los Observatorios de Ondas Gravitatorias por Interferometría Láser (LIGOs) en Washington y Louisiana, y en un tercer detector llamado Virgo, ubicado en Italia. Esto fue verificado por científicos argentinos con el telescopio de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, ubicado en las sierras de Córdoba de Argentina y otro telescopio en Chile.

A medida que la órbita de las dos estrellas de neutrones fue disminuyendo en forma de espiral, el sistema binario emitió ondas gravitacionales que fueron detectadas durante 100 segundos. Tras la colisión y posterior disolución, despidieron un haz de luz en forma de rayos gamma que fue detectado en la Tierra.

“La radiación electromagnética y las ondas gravitacionales viajan a la misma velocidad, aunque a la Tierra estas señales llegan desacopladas. Mientras que la señal de las ondas gravitacionales dura poco más de un minuto en el detector, el brillo de la imagen permanece durante unos días en el cielo y lentamente, se va empalideciendo. La combinación de la información obtenida por la detección de las ondas gravitacionales y la obtenida a través de las observaciones electromagnéticas, sirve para inferir la rapidez con que se expande el Universo, ya que nunca se ha terminado de medir con certeza absoluta su velocidad”, señala Díaz.

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